Testimonios de mujeres defensoras y periodistas de América Latina

Fecha de publicación: marzo 08, 2021

Reproducimos íntegros estos testimonios de mujeres, recogidos por integrantes del Comité de Género de PODER, como parte de la campaña para el #8M2021. En algunos casos, las compañeras que generosamente compartieron sus testimonios con nosotras, solicitaron omitir su nombre. Asimismo, hemos editado algunos testimonios para producir la gráfica que acompaña estos textos.

Testimonio de una defensora de Santa María Sotoltepec (Ixtacamaxtitlán, Puebla)

He pasado de todo. Estoy un poco preocupada en cuanto a la economía, al COVID. He sido afortunada: no he padecido ningún problema en cuanto a salud. Soy afortunada porque trabajo en la sierra, entonces realmente no tengo contacto con contagios.

Esta pandemia vino a desestabilizar, pero a nosotras como defensoras nos benefició porque la minería paró y hemos estado ganando tiempo. Mi principal preocupación es que, en algún momento, la minera continue sus labores, siga luchando por presentar otra Manifestación de Impacto Ambiental y se la aprueben. Es una preocupación muy grande por nuestro patrimonio, salud y bienestar.

Algunas personas nos ven a las defensoras como personas que no sabemos valorar, entre comillas, las fuentes de trabajo que trae la minería. Siempre nos están atacando. Y dicen que como no tenemos qué hacer, por eso andamos alborotando a los demás. Yo creo que esa es una agresión ante nosotras como mujeres y luchadoras.

Hay algo positivo en este año dentro de la lucha: como grupo continuamos reuniéndonos, de manera más tranquila. Hemos estado trabajando en un proyecto de herbolaria: es un proyecto bonito que apenas estamos iniciando. Nos sentimos muy a gusto porque no nos hemos dejado de frecuentar como mujeres y compañeras.

También, me he sentido libre, liberada, porque no veo a los señores de la mina cómo suben y bajan en el camino. Para mí es una bendición estar recorriendo gran parte de la sierra, disfrutando de la bella naturaleza, la niebla, el frío, el sol. Es una maravilla. Es lo que nos hace vivir y sacar las fuerzas para defender nuestra madre tierra.

Testimonio de Analba Teixeira, educadora, militante negra y feminista (Articulación de Mujeres Brasileras, Brasil)

Llamé a las compañeras para el 8 de marzo y ellas respondieron «yo voy para nosotras, por las otras y por mi». Es el extracto de una canción funk que se usa para llamarnos, ir a las calles y participar en las movilizaciones

Esta vez va a ser diferente: este 8 de marzo trae enormes desafíos para el movimiento feminista en el mundo. En Brasil no va a ser diferente, estamos en un contexto de pandemia donde ya murieron más 250 mil brasileros y brasileros.

Pero el movimiento feminista continúa de pie, ¡y cómo estamos de pié! ¡En la resistencia y en la lucha! Continuamos por el fin del machismo, del racismo, por el fin del capitalismo que también ha desafiado las vidas de muchas personas, de las mujeres, y más en particular, de las mujeres negras e indígenas.

No podremos ir a las calles a dar voz a nuestras protestas como siempre hicimos. Va a a ser un 8 de marzo muy diferente. ¿Por qué no podemos ir a las calles? No podemos ir a las calles porque defendemos la vida. La pandemia se agravó este último mes en Brasil y por eso no vamos a las calles.

Pero no estaremos quietas: la Articulación de Mujeres Brasileras está articulada con varios movimientos para hacer un 8 de marzo potente. Usaremos nuestra creatividad feminista, las redes sociales, las radios comunitarias, las televisiones alternativas; entraremos en las casas de las personas a través de las redes.

Vamos a dar una visibilidad a nuestras luchas, a nuestras resistencias, porque nuestra gran lucha es continuar vivas, resistiendo contra el gobierno brasilero que es un gobierno genocida con una política de muerte. La nuestra es una lucha feminista y antirracista, contra el patriarcado, el capitalismo y los fundamentalismos

Luchar por lo que queremos es lo más radical que podemos hacer. Por eso este 8 de marzo, estaremos en las redes, movilizadas, y cada día nos volveremos más fuertes y organizadas porque nosotras lo que queremos es cambiar el mundo. Estamos organizadas para fortalecer la lucha colectiva para cortar con este orden patriarcal, racista y capitalista.

Este año no estaremos en las calles para denunciar, por eso este 8 de marzo es aún más radical; mostraremos en las redes nuestros reclamos por una renta básica, la autonomía reproductiva, el fin de la violencia, el fin de los feminicidios, y luchando para derribar este gobierno genocida.

¡Fora Bolsonaro, Fora Morao, fora toda sua corte! ¡Viva la lucha feminista y antirracista!

Testimonio de Andrea Detjen, ecofeminista (CIEDUR, Uruguay)

El 8 de marzo es un día de resistencia: de resistencia de nuestros cuerpos, de nuestros territorios a un modelo impuesto, extractivista, heteropatriarcal y depredador, que nos ha colocado a las mujeres en determinados roles, también frente a la naturaleza. Hoy por hoy, y más el 8 de marzo, lo cuestionamos.

Tenemos que llegar a cuestionar profundamente las raíces de esa subordinación del hombre a la mujer, que nos permita ver cómo y dónde nos hemos ubicado siempre en relación a la naturaleza, y a los otros animales y elementos que la habitan.

Nos hemos visto mujeres fuertes que resisten la entrega del territorio, entendido no sólo como una extensión geográfica sino como todas las relaciones sociales, culturales, económicas y espirituales que se organizan en él.

Este 8 de marzo nuestra lucha va dirigida a esa defensa del territorio, de la naturaleza, en contra de la cultura extractivista. Recuperando los saberes de nuestras hermanas más viejas es que buscaremos, las mejores alternativas para esta crisis ecológica y social que estamos viviendo.

No es tiempo de estar solas, hermanas.

Testimonio de Claudia López, defensora (Ocote Real, Puebla)

Yo soy madre soltera de dos niñas, una de 11 y otra de 4 años. O sea que tengo que ser mamá y papá, y ahora por la pandemia, soy hasta maestra.

Hay temas que no puedo explicarle a mi hija mayor. Hay temas de tarea que le dejan que de verdad no me es posible explicarle o enseñarle. Tengo que recurrir al internet, a lo que tenemos, a investigar y aprender, y así poder yo enseñarle a ella.

También tengo que apurarme al salir de trabajar para llegar a buena hora y hacer las tareas con mis hijas. Es en esa cuestión donde la pandemia sí ha cambiado mi vida. Se me ha complicado.

Mi mayor preocupación ahorita como defensora es que llegaran a agredir o a lastimar, a hacerle algo a mis hijas. O a algún miembro de mi familia.

En este último año, gracias a los esfuerzos de mis compañeros defensores y compañeras defensoras, sobre la situación que vivimos por una minera canadiense que quiere venir a explotar nuestro territorio, desde hace más o menos 12 años. tuvimos una respuesta positiva de una dependencia, Semarnat, al negarle el permiso de explotación a la empresa.

Es una satisfacción como defensora, por el esfuerzo que se ha hecho; también por mi esfuerzo individual que he realizado, en invitar a las personas, en platicar con mi asamblea y las personas de mi comunidad que me rodea; en pedirles apoyo, en la manera en que me he acercado a ellos para abrirle los ojos y comentarles todas las afectaciones que tendríamos si esta minera se abriera.

Testimonio de Estefanía Camacho, periodista

Mi vida ha cambiado bastante en el último año porque perdí mi empleo. Me querían ofrecer seguir trabajando sin contrato estable y sin una paga decente para lo que me pedían hacer, así que no tenía mucha opción más que rehusarme. Intenté tener un trabajo que llegó casi de inmediato después de que me despidieran, pero fue muy complicado por la situación emocional y mental que estaba pasando. No fue algo que lograra completar, sentía un burnout constante que no me permitía desarrollarme, así que terminaron ese proyecto.

Después de eso, volví a encontrar un trabajo, afortunadamente. Tampoco tengo un contrato formal ni se extiende con prestaciones laborales pero creo que es mucho más digno y cubre con muchas más cuestiones que necesito, y definitivamente me pagan por lo que vale mi trabajo. También dejé de dedicarme -un poco- al periodismo en medios, lo cual es radi cal para mi porque a eso me había dedicado los últimos 10 años. Pero lo que estoy haciendo me gusta, aprendo mucho, me apasiona el tema, y por suerte, fortuna o por mi experiencia, estoy aquí.

He visto cómo las violencias hacia mis compañeras periodistas se han traducido en otro tipo de manifestaciones: han sido digitales, y vienen -a lo mejor- de personas anónimas, instituciones, colegas. Me pasó a mi. No es para menos que esas violencias ocurran en las redes sociales, porque es donde casi todos estamos participando en estos momentos, y creo que dice mucho de cómo estas personas o agresores son, por ejemplo, en el gremio periodístico.

Me preocupa la falta de empatía en el periodismo, en los medios, por parte de nuestros compañeros hombres, quienes deberían ser los primeros en comprender el problema, y sobre todo, si son comunicadores, en hacerlo mucho más visible para sus lectores o clientes.

La situación ha sido extraña, hablando en términos de cuidado mental. Creo que ha recobrado muchísima importancia en mi entorno, y por suerte o gran privilegio, podemos tomar las medidas necesarias, así como lo haríamos con cualquier otro doctor. Pero entiendo que esta no es la situación general.

Mi principal preocupación en este momento, como periodista y mujer, es que me gustaría continuar con mi labor periodística sin que eso se traduzca en enfrentar una precariedad laboral que me deje desprotegida. Ya de por sí estamos viendo cómo se desmantela el sistema de salud.

Es muy evidente que el gremio está demasiado precarizado y es peligroso de muchas formas ejercerlo ahora. Por fortuna no he tenido que estar en un medio o haciendo trabajo freelance para varios donde no llegaba la paga completa y donde no tenía prestación alguna. Ojalá eso existiera para mis compañeras: que no tuvieran que sacrificar bienestar y una vida saludable, que es muy necesaria en estos momentos, por continuar haciendo su profesión.

He tenido logros profesionales relevantes para mi que tienen que ver con mis objetivos a largo plazo, mi carrera y mi formación periodística, como saber con qué compañeras cuento y aprender mucho de la sororidad entre nosotras. También, saber que no estoy sola y que gracias a muchas de las redes que tejí como periodista, se fortalecieron. Si eso no existiera, sería muy complicado; espero que todas contemos con ese tipo de redes, que son las que nos ayudan a salir de situaciones que nos ponen en peligro en lo profesional y personal.

Testimonio de Diana Andrade, defensora e integrante de los Comités de Cuenca Río Sonora

Vivimos con el miedo, con la incertidumbre de no saber cuándo va a terminar la pandemia. También con la impotencia de no poder reunirnos para seguir con la lucha, para que se haga una remediación a los daños ambientales y a la salud en el Río Sonora.

Mi mayor preocupación por el momento, como mujer defensora, es que no haya avances en los problemas que estamos pasando. Que todos los procesos de defensa estén parados por a pandemia y que no haya una solución.

Algo positivo que hemos tenido en este último año es que tenemos resultados: se dio el fallo al amparo sobre el Fideicomiso Río Sonora, a favor de los Comités de Cuenca. También hemos tenido noticias de un acercamiento con autoridades gubernamentales que por el momento no se han podido hacer.

Testimonio de Doña Esperanza, defensora e integrante de los Comités de Cuenca Río Sonora

Mucho ha cambiado mi vida porque con este problema de la pandemia no puedo trabajar. Aparte de atender mi hogar, yo vendía sábanas, fundas, manteles, colchas y ahora no puedo salir. Total que la economía, no nada más en mi hogar sino en todos los hogares, se ha visto muy afectada.

Mi principal preocupación, como mujer defensora, es no poder seguir luchando y que no se ejecute la resolución que la Suprema Corte de Justicia de la Nación que dio a los habitantes del Río Sonora sobre el Fideicomiso.

Algo positivo para mí es el ánimo que tengo de seguir luchando mientras Dios me preste vida. Quiero que se concluya una buena solución a este problema ecológico y de salud que ha causado la mina. Me preocupa mucho la situación económica de todas las personas del Río porque cada día se ve menos producción y menos agua para la agricultura y más enfermedades.

Le pedimos al presidente Andrés Manuel López Obrador, ya que él tiene cerca a Germán Larrea, que le exija que repare nuestros derechos humanos. Ya el presidente, en diciembre de 2019, mandó a personas como José Alfonso Novelo, titular de Cofepris, a Juan Ferrer Aguilar, titular del Insabi, Jorge Alcocer Varela, secretario de Salud, Victor Manuel Toledo, secretario de Medio Ambiente (que ya salió pero ahora está una mujer en su lugar), Blanca Alicia Mendoza, procuradora de Profepa, y Benjamin Berlanga Gallardo, de Unidad Coordinadora de Protección Social y Transparencia. Esas personas llevan todo el sentir de todas las personas que estuvimos en la reunión en Ures. Saben de cuántos expedientes estaban guardados sin decir qué tantas personas estaban enfermas aquí en el Río. Hay muchas cosas que no se han dicho.

Testimonio de Juana Toledo, defensora indígena del Consejo de Pueblos Wuxhtaj (Guatemala)

Las mujeres desde los territorios manifestamos que, con COVID o sin COVID, estamos presentes. Nosotras seguimos conscientes en las problemáticas que seguimos teniendo, enfrentando a las corporaciones.

En la pandemia, la carga de las responsabilidades, tanto familiares como comunales, se triplicó encima de las mujeres. Este sistema capitalista no tuvo cuarentena: siguió despojando y criminalizando a las mujeres defensoras de los territorios.

Debemos construir una lucha colectiva mundial de nosotras para parar este monstruo, que lo único que hace es destruir a la humanidad y el planeta. Las mujeres somos las más golpeadas y vulnerables. Por eso denunciamos la persecución política, los feminicidios y la violencia en contra de las mujeres.

Este 8 de marzo, que se unan nuestras voces y denunciemos este sistema; urge la voz global de las mujeres en contra de este sistema que en toda nuestra existencia nos ha oprimido.

Testimonio de Lourdes Huanca, líder feminista, campesina popular, presidenta de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas Artesanas Indígenas Nativas y Asalariadas del Perú

Gracias compañeras por esta oportunidad que se me da de manifestar por el 8 de marzo. Reciban los saludos de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas Artesanas Indígenas Nativas y Asalariadas del Perú (Femucarinap), una organización de mujeres.

Para nosotras en esta temporada, vamos por el segundo año con esta pandemia de COVID19, nos hace reflexionar y repensar: el 8 de marzo fue por la lucha de nuestras hermanas que murieron por lograr la jornada de ocho horas. Pero hoy nos toca seguir luchando porque sigue en pie esa esclavitud hacia nuestras hermanas, nuestros hermanos, que nunca son reconocidos, por ejemplo, con el tema de las grandes empresas agroexportadoras que se instalan en los países y se enriquecen con todo el capital y las ganancias pero nunca redistribuyen equitativamente hacia las trabajadoras y los trabajadores, más que todo a las trabajadoras de la agroexportación, que entran muy jóvenes y cuando cumplen cincuenta años ya no son contratadas. Ya no las llaman y las compañeras dejan de tener la salud con la que ingresaron: están con dolor de espalda, con cáncer de ovario o de estómago, etcétera.

Yo creo que el 8 de marzo siempre es día de recordar, de seguir luchando. Que la sangre de nuestras hermanas que en esas épocas fueron derramadas, asesinadas vilmente, siempre corra por nuestras venas para seguir luchando. No podemos olvidar: ese es el ejemplo que nos dan nuestras hermanas feministas, nuestras hermanas compañeras, que nos llevan la delantera.

Creo que esto también amerita a la reflexión. Por ejemplo, la Femucarinap es una organización joven, vamos a cumplir 15 años y seguimos luchando. En nuestro país estamos en 25 regiones. Comenzamos con ocho regiones, pero venimos fortaleciéndonos en la capacidad de la autonomía económica de las mujeres. Uno de los mensajes del 8 de marzo es ese: ¿cómo logramos como mujeres tener una economía autónoma para poder tomar las decisiones correspondientes con esa autonomía y libertad?

Eso viene estando en una lucha permanente. No vayamos a olvidar que en nuestros países, el patriarcalismo, el machismo y el sexismo están en la base primera para poder querernos anular a las mujeres.

Por ejemplo, en esta pandemia, el presidente que salió y el actual, declaran estado de emergencia y cuarentena, se cierra la puerta, pero no se piensa en si muchas mujeres trabajamos al día: hoy día trabajo y tengo para comer y llevarle pan a mis hijos, pero muchas no pueden trabajar, no se puede salir a trabajar.

El machismo, el patriarcalismo está en todas partes, en todos lados.Tenemos que preparamos para enfrentarlo, porque este sistema capitalista y esta economía neoliberal, es parte de ello también. Tenemos que seguir avanzando. ¡Tenemos que ser berracas y rebeldes. Rebeldes con causa. Sororas entre nosotras. ¡Dar discursos pero la práctica también!

Testimonio de Silvana Flores, fotoperiodista y periodista visual

En el caso familiar fue duro porque la pandemia nos obligó a separarnos, aunque antes ya estábamos separados porque nos desalojaron. Cuando se presenta la pandemia, era muy difícil porque yo compartía un espacio muy reducido con mi familia, entonces me empezaron a cuestionar sobre mi trabajo, sobre si era necesario.

Yo tenía que plantear todo el tiempo por qué era necesario que yo saliera a trabajar: tenía que cubrir protestas y noticias, porque aparte, soy freelance. Ellos no veían qué hacía yo, a pesar de que han visto mis publicaciones, y no entendían por qué tenía que salir si podía quedarme.

Fue un ambiente tenso porque les aseguraba que me cuidaba, tomaba mis medidas, me metía a la ducha, y mis papás me cuestionaban sobre qué hacía, si sí hacía lo que hacía. Se vulneraba mi credibilidad frente a mi familia sobre si mi labor era necesaria.

En la carga de trabajo, yo tenía que buscar todo el tiempo. Y de mis derechos laborales, siempre me sentí muy desprotegida y lo reflexioné más en la pandemia; por ejemplo, conseguía coberturas en hospitales o ir a morgues, y llegó un momento en que me cuestionaba si valía la pena sin tener un respaldo de una empresa detrás de mi, o un seguro médico. Y yo soy joven, ¿pero vale la pena arriesgar a mi familia? Me hizo cuestionarme hasta dónde podría llegar por tener un trabajo.

La pandemia me hizo revalorar y reflexionar sobre la situación laboral en la que estamos las periodistas, las fotógrafas, las camarógrafas, que al fin y al cabo, tenemos que salir a la calle a hacer nuestro trabajo. Nos preguntamos si vale la pena arriesgarnos. ¿Y si me enfermo? ¿Quién va a ver por mi?

Es impresionante ver que las mujeres éramos una sola el año pasado; que exigíamos respeto, derechos e igualdad. Aprendí el verdadero concepto de sororidad. Conocí a compañeras del gremio, activistas y quienes protestan. Me cambió la perspectiva sobre cómo yo cubro género, pero que género no está sólo en la protesta social, sino en la lucha de las madres por hacer justicia, que siguen buscando a sus hijas, y sobre todo, en no verlo tan centralizado. Soy muy joven en este medio y me llevan ventaja muchos compañeros. Empecé a ir al Edomex y veía cuáles eran las diferencias con la Ciudad de México y me daba sentimiento ver que todas lo tenemos difícil, pero hay que descentralizar. Este problema existe en todo México.

Mi principal preocupación, como periodista y yo creo que es así para gran parte del gremio, es contagiarme o a algún miembro de nuestra familia. En esta pandemia se vio que a pesar de que tenemos el celular, lo usamos para trabajo, y me dio la oportunidad de revalorar mis lazos afectivos.

Como mujer, me causa controversia que mis papás me dicen que es riesgoso subirse al metro, y yo pienso que sí, pero nunca les he contado todos los acosos sexuales que he sufrido en el metro. Ahora mi familia ve esto, las cosas que son peligrosas de hacer, pero yo ya las hacía antes de la pandemia, y ahora no sólo es cuidarse de un virus invisible, sino -como mujer- seguir cuidándote de las demás cosas; tomar precauciones, no vestirme de cierta forma, no transitar por ciertas zonas, aparte de cuidarme con mis medidas de higiene.

Aprendí de género y de mi círculo de compañeras fotógrafas y periodistas. Este año me dio amigas que nunca había tenido antes en el gremio. Conocí a muchas mujeres que puedo llamar amigas y que me entienden; las razones por las que hacemos este trabajo. Mi gran triunfo este año, además de publicar en algunos medios como fotógrafa, fue conseguir un grupo de amigas que entiende por qué hacemos las cosas, se preocupa y me procura.

Testimonio de Verónica, periodista

Mi vida en este último año ha tenido varios cambios, específicamente en lo laboral: en mi oficina optamos por un esquema en el que nos dividimos mitad y mitad para ir en días diferentes y evitar contagios.

Esto provoca que los días que me toca ir, asumo una gran carga de trabajo y estoy sola. Esto da seguridad pero la carga de trabajo sube mucho. También una se da cuenta de que no convive con nadie: estás sola, aislada y eso hace que el trabajo también se convierta en un momento aislado. La convivencia prácticamente no existe, aunque hagamos juntas virtuales.

Eso lo hace muy complicado. No responde a diferencias de género, sino al esquema de trabajo. También desde antes de la pandemia, el sector ha optado por despidos, recortes, menos contrataciones o con sueldos peores. Existe una precarización laboral desde hace varios años.

Mi principal preocupación es que mi familia se contagie de COVID. Mi mamá es jubilada y afortunadamente no tiene que salir a trabajar, pero tiene factores de riesgo y deseos de salir, como cualquier persona. El temor de perder a alguien, de contagiarme yo, que voy a la oficina; de contagiar a mi esposo, que está en casa y no sale; el temor de qué pasaría si yo me contagiara.

Como periodista me da mucho temor que la situación laboral siga precarizándose, de perder mi empleo y que mis compañeras y compañeros pierdan sus empleos. Algún recorte masivo. De pronto, pensándolo más, tener que dejar la profesión. También, que los modos de vida que hemos adoptado por la pandemia, no sabemos cuándo van a terminar. Parece ser que la situación va a seguir por mucho tiempo y es duro pensar que no vamos a regresar a la normalidad como la conocíamos antes de la pandemia.

Como mujer, me da temor saber que la violencia de género va en aumento y todos los factores que la agudizan; el contacto físico, que desaparece durante una cuarentena, te encierras y lo que tienes es lo que queda en casa. La poca organización que existe fuera de trabajar en casa: existe el riesgo aunque seccionen a la gente. Recuerdo que antes de la pandemia se hizo el paro del #9M y había mucho optimismo en general. Luego vino el encierro y fue una de las cosas que se apagaron. En general, el mayor temor sigue siendo perder a alguien debido al COVID.

Me cuesta mucho trabajo ver lo positivo que haya pasado porque de pronto me abruma demasiado la situación. Extraño muchísimo a mi familia, no los he visto. Pero bueno, sí hay algo positivo dentro de todo: he podido tomar algunos cursos, me metí a estudiar portugués y le he dedicado varias horas y más atención estando en casa. Lo he podido usar en el trabajo y se convirtió en algo satisfactorio. Sin la cuarentena no hubiera podido concentrarme en eso. Ahora los días que no estoy en la oficina, puedo hacerlo: concentrarme en casa, hacer cosas de ocio aquí. Y eso ha sido bueno.

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  Marzo 08, 2021

Gráfica con testimonios, como parte de la campaña para el #8M2021.