Martha Patricia Velarde, fundadora y vocera de los Comités de Cuenca Río Sonora (CCRS), se fue sin poder acceder a la justicia, sin ver la reparación del daño para su comunidad, sin atención a la salud de forma especializada por los metales pesados presentes en su cuerpo, sin reparación integral del daño y sin acceso a agua libre de contaminantes. Se fue viendo la impunidad de la empresa.
El pasado 15 de febrero trascendió de este plano terrenal una gran luchadora ambientalista y de derechos humanos, una de las fundadoras y voceras de los Comités de Cuenca Río Sonora (CCRS), Martha Patricia Velarde. La noticia nos tomó por sorpresa dado que recientemente Paty participó públicamente en una actividad colectiva de comunidades en Tlaxcala y planeaba asistir a un Foro Regional el próximo abril.
Esta noticia es un balde de agua fría para los CCRS, pero también para todo el equipo de PODER, quienes acompañamos a Martha Patricia durante estos años. No solo sentimos una profunda tristeza; nos genera también mucho coraje saber que ella murió en la línea, buscando justicia para sí misma y su comunidad.
De Martha Patricia (Paty pa’ los compas), se decían muchas cosas: que era muy ruda para hablar, que tenía el humor muy pesado y que había que tratarla con pincitas. No me hizo tanto ruido porque lo mismo suele decirse de mí. Pero cuando la conocí en persona y tuve la oportunidad de platicar con ella, no voy a negar que por un momento batallé para tragar saliva.
Tuvimos una primera asamblea en la que estaba deseosa por saber cuales eran sus perspectivas sobre la contaminación del río y todos los estragos del derrame. Yo era una morrita de 28 años que nada tenía que contarle a Paty sobre lo que había ocurrido durante y después del derrame. Nos contó algunas impresiones que tenía y tuvimos un leve enfrentamiento. Ella mencionaba que no valía de nada estar exigiéndole a un gobierno de oídos sordos y yo le decía que es necesario luchar por todos los flancos posibles. Pero al final de cuentas, lo que decía Paty tenía todo el sentido del mundo. A diferencia de mí, Paty no era nueva en esto. Ella ya tenía dos sexenios luchando por justicia y se había enfrentado a situaciones de por sí dolorosas. Y a pesar de que podría interpretarse como una especie de cansancio, más allá del dolor físico y emocional, Paty claro que estaba dispuesta a seguir luchando.
Pasó a la historia como una gran referente de lucha. Pero aquí me quiero detener un poco. Sobre Martha Patricia Velarde podemos encontrar un sin numero de notas sobre su trabajo como defensora de derechos humanos y el territorio, como activista por la vida y el medioambiente, y por el cambio a la ley minera. Ahora quiero hablar un poco más sobre quién era Paty.


Paty nació en Hermosillo, Sonora, un 23 de febrero de 1958. Vivió más de 30 años en Baviácora. Ahí compartía su hogar con su esposo José Luis y sus gatitos. Amaba a sus gatitos Tito, Leponita, Mini Tita y a la Tita, que era la reina de la casa. Los gatos fueron los que me ayudaron a acercarme a Paty. Siempre que iba por ella a su casa o cuando ella venía a la mía, hablábamos de gatitos. También nos mandábamos stikers de gatitos por WhatsApp, entre más tiernos, mejor. Escucharla hablar de sus gatitos y de su familia echaba abajo cualquier comentario que la acusara de fría e insensible. Y es que creo que la franqueza puede confundirse con la frialdad, pero no es lo mismo, porque Paty era franca pero también era amorosa.
Paty estaba llena de virtudes. Tocaba el piano y la guitarra, y adoraba cantar. Cuando íbamos en el carro, si no estaba discutiendo algo de política, estaba cantando. Yo siempre le hacía carrilla porque una vez no dejaba dormir a Elda León por estar cantando en coreano. Nos quedó pendiente un karaoke.

“De los tiempos más hermosos y memorables de mi vida, jamás, pero jamás olvidaré”.
También era muy fan de “La Vaca Nuchi”, uno de los personajes de la obra de teatro que construimos con una investigación de la que Paty era parte, porque además de todo, era una gran investigadora, estudiosa y disciplinada. Siempre estaba inscribiéndose en nuevos cursos y capacitaciones y estaba luchando para ser cronista.

Sin duda, Paty es una de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida. Deja un hueco irreemplazable en la lucha por justicia para el Río Sonora y en el corazón de quienes tuvimos la fortuna de tenerla no solo como compañera o colega, sino como amiga. Descanse en paz.
A más de 10 años del derrame de 40 millones de litros de desechos tóxicos, ocasionado por la negligencia de la empresa Grupo México en los ríos Sonora y Bacanuchi, las autoridades de todos los nivel de gobierno han sido omisas en las acciones concretas para la atención y reparación del grave daño a la salud y medio ambiente que persiste hasta el día de hoy.
Paty se fue sin poder acceder a la justicia, sin ver la reparación del daño para su comunidad, sin atención a la salud de forma especializada por los metales pesados presentes en su cuerpo, sin reparación integral del daño y sin acceso a agua libre de contaminantes. Se fue viendo la impunidad de la empresa.
Quienes seguimos, nos mantendremos en la lucha, seguiremos exigiendo acciones concretas para garantizar el derecho a la salud, al agua y a un medio ambiente sano para el Río Sonora. Eso no es negociable. Seguiremos luchando hasta que se haga #JusticiaParaElRíoSonora, honrando tu memoria Paty. ¡Nos harás mucha falta!
*Este artículo fue publicado en El Plumaje de Animal Político.
*Tokya Casimiro es organizadora comunitaria en PODER, acompañante de los Comités de Cuenca Río Sonora y amiga de Paty.